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Las olas artificiales

Los humanos tenemos una especie de impulso que parece llevarnos a querer imitar, o incluso pretender superar, a la naturaleza. Las piscinas de olas, y la posibilidad de surfear sin depender de las condiciones meteorológicas, siempre ha atraído a los surfistas. Pero también esta posibilidad ha generado reacciones enfrentadas. Algunos lo ven como la solución a la saturación de las playas. Pero otros ven en estas olas artificiales una traición a uno de los principales atractivos del surf: su vinculación con la naturaleza.

Las primeras piscinas de olas se construyeron en Europa durante los años 20 y 30, aunque no eran para surfear. La más conocida era la Empire Pool en Wembley, Londres, que abrió sus puertas en 1934. Medía 60 metros de largo por 18 de ancho, y generaba ondulaciones para diversión de los bañistas mediante cuatro palas accionadas eléctricamente.

La piscina de olas de Summerland, construida en 1966 cerca de Tokio, Japón, fue la primera en ser utilizada por los surfistas. Cada hora la piscina se vaciaba de nadadores, y los surfistas disponían de 15 minutos de olas.

En 1969 abría en Tempe, Arizona, Big Surf, la primera piscina olas de los Estados Unidos con una inversión que superó los 2 millones de dólares. Las olas de Big Surf eran generadas al dejarse caer cientos de toneladas de agua por una rampa vertical. La apertura de la piscina tuvo una gran cobertura mediática, y fue visitada en varias ocasiones por surfistas como Fred Hemmings o Corky Carroll.

Sin embargo la evolución de estas piscinas hacia olas mejores se vio frenada por el miedo de sus promotores a los accidentes que se pudiesen producir, y las posteriores demandas. Aún así, y a pesar del “temor” de los inversores, a estas piscinas se les dieron nombres como Thunder Bay, Poseidon’s Rage o Typhoon Lagoon, en un intento de atraer a aficionados en busca de una “experiencia arriesgada”.

Campeonato del mundo de surf en Dorney Park Wildwater Kingdom en Allentown – 1985

La aparición de las piscinas de olas fue vista por los grandes patrocinadores como la solución a los muchos de los problemas que tiene el surf para ser retransmitido por televisión: dependencia de las condiciones meteorológicas, imposibilidad de fijar un horario concreto de retransmisión, imprevisibilidad en cuanto a las condiciones. Tom Carroll, durante el circuito mundial de 1985, ganó el primer evento profesional celebrado en una piscina, en el Dorney Park Wildwater Kingdom en Allentown, Pensilvania. En 1997 Kelly Slater vencía en el  Typhoon Lagoon  de Disney World en Orlando, Florida. Rob Machado lo haría al año siguiente. A mediados de los 90 el australiano Matthew Pitts, trabajó durante cinco años, actuando cada noche, en el Ocean Dome de Miyazaki, en Japón.

A finales de los ochenta y principios de los noventa, como respuesta a la saturación de algunas zonas del planeta en donde el surf era más popular, se comenzó a pensar en la idea de crear olas artificiales en el propio mar. Los intentos se centraron en la construcción de arrecifes artificiales, que reprodujesen la formas del fondo marino, pero con el tiempo estas ideas fueron descartadas, tras varios sonados fracasos, entre ellos uno impulsado por Surfrider Fundation.

A finales de los noventa, el interés de las olas artificiales se desvió hacia una máquina llamada FlowRider: una ola fija formada por una fina capa de agua que se envuelve sobre una rampa inclinada de caucho duro. Sin embargo este tipo de instalación difiere mucho del surf, siendo la técnica, y el tipo de tablas que se emplean, totalmente diferentes.

 

Parque Snowdonia, en el norte de Gales

El último paso en el desarrollo de las piscinas de olas ha venido de la mano de diferentes soluciones basadas en la técnica del “wavefoil”, con la que mediante la circulación de una pala por debajo de la superficie del agua se crea una ondulación que, al interactuar con el fondo, genera una ola de diferentes formas y longitudes. En 2012 una empresa española llamada Wavegarden utilizó esta técnica para crear una ola de casi 20 segundos de recorrido, hueca y con buena forma, que permite la realización de todo tipo de maniobras durante su recorrido, en una instalación construida en el País Vasco. La solución de Wavegarden ya se ha comercializado en el parque Snowdonia, en el norte de Gales, y en el NLand Surf Park de Texas. A finales de 2015, la compañía Kelly Slater Wave Company, lanzó un corto video de su propia piscina, que creaba una ola más grande, más larga, más hueca y más potente que la producida por Wavegarden.

En 2016 Wavegarden hace público su prototipo The Cove, que mejora la versión anterior no solo en cuento a la forma y fuerza de la ola, sino también en cuanto a su frecuencia, ya que es capaz de generar cerca de 1000 olas a la hora. La compañía anuncia el arranque de 20 proyectos con The Cove en todo el mundo, tres de ellos en España.

 

  2012  /  Historia  /  Última actualización: noviembre 5, 2017 por Administrador  / 

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