Información
Usted está aquí:   Inicio  /  Noticias  /  La ola mareal de Qiantang

La ola mareal de Qiantang

La idea de deslizarse impulsado por una ola, ayudado o no por algún tipo de objeto flotante, no parece demasiado compleja. Es fácil imaginar, por tanto, que a lo largo de la historia se hayan podido dar, en cualquiera de las costas del mundo, diferentes formas de deslizamiento similares a la que hoy conocemos como “surf”. Sin embargo son muy pocas las que han trascendido en el tiempo más allá de las surgidas en la Polinesia.
El estudio de esas prácticas antiguas sólo es posible de realizar hoy a través de las fuentes escritas y materiales que se han conservado. En su artículo “Reconsiderando las fuentes para el estudio del surf arcaico”, publicado en el año 2017, el profesor Daniel Esparza hace un repaso de todas ellas, entre las que se encuentran las noticias sobre un tipo de “surf arcaico” practicado en China, curiosamente no en el océano, sino en un río, el Qiantang (conocido anteriormente como el río Zhe), y en la ola mareal que se forma en él.
Una ola mareal, o macareo, es una ola que se crea en los ríos como resultado de la rotura del equilibrio establecido entre el nivel de la marea en el mar, el nivel del agua en el río y la batimetría de la zona. Suele ser común en la primavera, cuando el nivel en los ríos es bajo, y la acción de la marea es más relevante en el nivel de las aguas del río. Con el macareo se crea una onda que asciende río arriba, de características parecidas a las olas en el mar.
Se trata de un fenómeno relativamente común en todo el mundo. Se han identificado más de 400 estuarios en los que se da, entre ellos, en los ríos Cook Inlet, Knik Arm y Turnagain Arm en Alaska, en los ríos Shubenacadie y Petitcodiac en la bahía de Fundy (Canadá), en el río Colorado (México), en Europa en los ríos Dordogne (Francia) y Severn (Reino Unido), y en Brasil, donde recibe el nombre de pororoca, en los ríos Araguari y Mearim. También en Papua Nueva Guinea (ríos Fly y Bamu), Indonesia (ríos Rokan y Kampar), Malasia (Benak), Myanmar (golfo de Martaban) o India (Hoogly).
En los últimos años, un grupo de surfistas, entre los cabría destacar al francés Anthony Colas, se han lanzado al descubrimiento de este tipo de olas en todo el mundo. Pero no fueron los primeros. Por ejemplo, en Europa, se tiene constancia de que el río Severn fue “surfeado” por el Coronel J. Churchill el 21 de Julio de 1955. Pero hubo incluso experiencias anteriores.
El historiador australiano Geremie Barmé, Catedrático de Historia China en la Universidad Nacional Australiana de Asia y el Pacífico, en su estudio “La marea de la Revolución”, recoge la primera referencia escrita que se conserva de una actividad vinculada con la acción de deslizarse impulsado por una ola. La misma forma parte del libro “Wulin jiushi” escrito por Zhou Mi y publicado entre los años 1280 y 1290 d.C.. El “Wulin jiushi”, que traducido del chino significa “Recuerdos de Wulin” (antiguo nombre de la ciudad de Hangzhou), está formado por un total de 10 volúmenes, y es especialmente interesante como fuente para conocer detalles de la vida urbana durante la dinastía Song (1127-1279), especialmente en todo lo vinculado con el entretenimiento popular, el teatro chino y las artes escénicas.
Una de las partes más conocidas del “Wulin jiushi” es un relato corto, titulado “Observando la ola mareal”, dedicado al río Zhe (actual Qiantang), cuyo curso pasa por la ciudad de Hangzhou, capital imperial durante la dinastía Song.

La de Qiantag está considerada como la ola mareal más grande del mundo, pudiendo alcanzar alturas de hasta 9 metros y velocidades de avance de 40 km/h. A las condiciones normales bajo las que se produce este tipo de olas, en el Qiantang se suma el efecto de los monzones. Todo esto provoca que los ríos de esta zona de China sean remontados por olas que recorren su cauce hasta incluso 40 kilómetros aguas arriba. Un monstruo, popularmente conocido como “El Dragón de Plata”, que a lo largo de la historia ha dado pie a numerosas leyendas como la de los 500 arqueros, y las 3 mil flechas, con los que el rey Qian fue capaz de domar al irascible “Espíritu del Mar”. Su crecida ha sido seguida por miles de personas a lo largo de la historia, a pesar de las múltiples víctimas que ha causado entre los curiosos que se han acercado a observarla. En 2013, impulsada por el tifón Trami, la ola mareal alcanzó más del doble de su altura habitual, rompiendo la barrera anti-inundaciones, y barriendo e hiriendo a numerosos espectadores.

La descripción que Zhou Mi realizó en el 1280 en el “Wulin jiushi” es la siguiente:
“La ola mareal en el río Zhe es una de las más grandes del mundo. Llega a su pleno vigor desde el decimosexto hasta el decimoctavo día del mes. Cuando comienza a levantarse lejos, en la desembocadura al Océano, parece solamente un hilo de plata; pero a medida que se acerca, se convierte en una pared de jade, una cresta cargada de nieve, que toca el cielo en su camino. Su rugido gigantesco es como un trueno que se convulsiona, se sacude, se desvía y avanza, tragándose al cielo e inundando al sol, porque su fuerza es supremamente vigorosa. Yang Wanli lo describió en un poema:
 
“Del océano surge plata para formar un muro; 
el río esparce jade cubriendo sus bordes”.
 
Como cada año, el gobernador de la capital apareció en la ribera del río Zhe para inspeccionar a la flota. Los buques de guerra, en centenares, se disponen a lo largo de ambas orillas. De repente, todos se apresuraron a dividirse en “formación quíntuple”. Los jinetes agitaban banderas, hacían malabarismos con sus lanzas, y bailaban con sus espadas, tanto los que estaban a flote, como en tierra. De repente, un humo amarillo surgió por todos lados, y la gente apenas podía verse. Las explosiones en el agua eran ensordecedoras y temblorosas; los sonidos eran como los de las montañas cuando se derrumban. Cuando el humo se dispersó, y las olas se calmaron, no había ni rastro de los barcos: todas las «naves enemigas» habían sido quemadas por el fuego y habían desaparecido bajo las olas.
Había varios cientos de jóvenes Wu expertos en la natación. Llevaban suelto el cabello y tenían tatuajes en sus cuerpos. En sus manos sostenían banderas de colores de unos veinte pies de tamaño y corrían unos contra los otros con el mayor esfuerzo, nadando contra la corriente, flotando y hundiéndose en las ondas monstruosas, que se erguían como leviatanes, de gran altura. Sus cuerpos se desplazaban ejecutando cientos de movimientos diferentes, sin que las banderas se mojasen; así era como mostraban su habilidad. Ciudadanos distinguidos y altos funcionarios competían por otorgar los premios de plata.
 
Arriba y abajo, a lo largo del río, y por más de tres millas, perlas, jade, telas y sedas inundaban los ojos; caballos y carruajes tapaban los caminos. La comida y la bebida costaba el doble del precio normal, y sin embargo, donde se alquilaban tiendas de campaña, no quedaba ni un poco de terreno para colocar una estera”.
Tal y como describe Daniel Esparza, éstas “eran prácticas muy peligrosas que solían acabar con la vida de muchos surfistas (nongchao, como se les llamaba), y también de los espectadores, que si se acercaban mucho al borde del río, podían ser barridos por la crecida. Posiblemente por ello la práctica de esta actividad como reto frente a la admirable monstruosidad de la naturaleza, fue intermitentemente prohibida y permitida durante los varios siglos que duró la dinastía Song, hasta que se extinguió (según parece, definitivamente) en el siglo XVI con la caída de esta dinastía, a la que le siguió una decadencia de la ciudad debido a la visita frecuente de piratas japoneses”.
Un estudio realizado por los ingenieros Dong-Zi Pan y Ying Li, miembros del Zhejiang Institute of Hydraulics & Estuary, sitúan el inicio de esta práctica durante la dinastía Tang, entre los años 618 y 907 d.C., alcanzando su máxima popularidad durante la dinastía Song, y manteniéndose durante la Ming (entre el 1368 y el 1683 d.C.).
Posterior al texto de Zhou Mi se ha identificado un grabado, datado en siglo XVII, que aparece en el libro ilustrado “Hainei qiguan”, escrito por Yang Erzeng y publicado en 1609. El “Hainei qiguan” es una guía literaria y geográfica ilustrada que incluye imágenes de los lugares sagrados, montañas, ríos y templos de la última dinastía Ming. En una de sus ilustraciones se puede apreciar lo que parece la figura de un hombre que avanza erguido impulsado por una ola generada por la marea.
De la descripción efectuada por Zhou Mi en 1280 es difícil deducir que los “nongchao” se ayudasen de algún tipo de objeto flotante para deslizarse, sino que parece que más bien las olas eran cogidas únicamente con el cuerpo, en una práctica parecida al actual bodysurfing, en la que se buscaba que el nadador fuese arrastrado por la ola, realizando giros y piruetas, a la vez que ondeaba la bandera que llevaba sin que ésta se mojase. De la ilustración de principios del siglo XVII del “Hainei qiguan” difícilmente se puede deducir la forma o características del objeto o embarcación, si realmente la hubiese, sobre la que parece que un hombre se desplaza por el agua.
  2017  /  Noticias  /  Última actualización: noviembre 5, 2017 por Administrador  /  Tags:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *